Ramas de un viejo árbol
Este poema nace de la agresión sufrida en Oviedo por Rubén y Jorge, médicos y militantes de la Asociación Moza d’Asturies (AMA).
Durante unas fiestas patronales intentaron impedir que un grupo de jóvenes arrancara una bandera LGTBI de una caseta. Recibieron insultos homófobos y una paliza.
Nace también de lo que ocurre alrededor de la violencia: de las certezas medio heredadas, de la necesidad de pertenecer, de la exhibición de fuerza, del automatismo del grupo y de esas hipocresías que, de tanto repetirse, terminan por plantarse naturales.
El poema mira hacia aquello que puede precederla y sostenerla.
Y, frente al grito y la pose, a quienes no necesitan ninguno de los dos para saber quiénes son.

La fuerza de lo semivivido
coloniza las facetas menos sólidas
de esas tus presunciones.

Combinando elegías
si les sientes afines
con repudios
hacia quien proximiza una cautela
hacia tus idearios…
(Sin saberlos)

Pero entonces…
Cómo recriminar
y a quién y dónde
de las burdas certezas que asumiste
de aquellos que te adulan y te exhiben
a qué sabe ser fuerte
o patriota o bien macho dominante

(Salvando a las miserias
Que no parece que nadie mereciera
Pero que están ahí…)
Por descontado
que lo que con un dedo suprimías
se alineaba en otro ojo
aún no mirando

Y tus hipocresías
ya no se te revelan.
Se plantan naturales
en un grito tribal avinagrado
unos brazos al cielo
o una paliza
al rostro o a las costillas de esos chicos
que te miran de frente sin soberbia
porque saben qué son.





















