Poemas nuevos

Poemas escritos después de Poesía de Puño y Corazón, acompañados de ilustraciones en estilo acuarela.

Fronteras

Cuando una frontera se mete dentro del lenguaje, las voces dejan de ser limpias.

Unas gritan territorio.

Otras apenas dicen miedo.

Otras sueñan con una vida prometida.

Otras administran el daño como si fuera gestión.

Y en medio: niñas, chavales, vecinos, ayuda bloqueada, relato contaminado y ruido.

Lámina de portada: la palabra «Fronteras» pintada en rojo sobre un muro agrietado con una ciudad al fondo

Nuestra ciudad es nuestra
—territorio ocupado—
han abierto la puerta,
¡pasad al otro lado!
—La patria no se vende—
Ya no salgo,
ni vendo, ni compro
(No soy fuerte)

Lámina con los versos «Nuestra ciudad es nuestra… La patria no se vende» sobre un muro junto a una puerta de reja

Quemamos vuestras mierdas
(No pueden esconderse)
Solo tengo la calle
(y ellas no se defienden)
¡No seáis brutos, son niñas!
—Si lejos las llevamos, esto no recrudece—

Lámina con los versos «Quemamos vuestras mierdas… ¡No seáis brutos, son niñas!» con siluetas de niñas corriendo por la calle

¡No les deis más comida,
ni más mantas,
ni voz!
(Y luego en las noticias,
no blanqueéis más sus heces)
Os lo decimos claro,
¡no paséis a este lado!

Lámina con los versos «No les deis más comida, ni más mantas, ni voz» junto a un altavoz y vallas de obra

¡Queremos vuestras vidas!
Aceptamos sus muertes
(Si total… no están sanos…)

Lámina dividida: «¡Queremos vuestras vidas!» frente a una ciudad iluminada y «Aceptamos sus muertes» frente a una alambrada

Haced que crezca el ruido,
señal que dominamos

Lámina final: «Haced que crezca el ruido, señal que dominamos» con un megáfono y torres de vigilancia

Alabeando el modelo

Un poema contra la docilidad del algoritmo: una llamada a torcer el modelo, a dar por dar y no por «me gustas», y a devolverle la voz a quienes quedan fuera de las capas de cordura fabricadas.

Acuarela: un grupo de personas de pueblos originarios sostiene una red cósmica junto a una montaña, un guanaco y una ballena

Hoy vamos a reventar el algoritmo
Con gente de verdad no de las otras
Gente que presta voz a las montañas
Las ballenas guanacos y acertijos
Que nos decodifican las señales
De los que no se docilizan en manadas

Gente que da por dar
No por me gustas
Gente que te descoloniza las miradas
Y te crackea las capas de cordura
En las que tanto invierten para hacerte
Creer que te protege y te asegura

Acuarela: músicos en un valle himalayo tocando trompa, flauta, laúd y tambor entre banderas de oración y remolinos de sonido

Hoy vamos a rezumar las malaleches
De los que no toleran despotismos
De los que regurgitan las posturas
Exhibiendo su núcleo y sus falacias

Acuarela: una fotógrafa en un acantilado y un guanaco frente a dos ballenas envueltas en una red de puntos luminosos

Hoy vamos a presurizar ideologías
Que nos redefinieron lo que pasa
Para hacernos creer que son más justos
Más únicos y propios sus escudos

Los que desdibujaron a personas
Que son incombustibles o fluidas
O habitan sus arrugas con orgullo
O acribillan de modo voluntario
Lo normal
Lo aceptable
O lo sesudo.

Acuarela: los Gandalfs del Sur sostienen carteles reivindicativos entre montañas

Hoy vamos a aprobar solo lo que entre
Por el hueco del alma como un puño
Que abone lo veraz y lo arrebole
No de vergüenza sino de
miedo
nulo.

Composición tipográfica del poema: «Alabear el modelo: torcerlo hasta que deje de parecer inevitable. Laleh Zahir»

Silencio de las niñas repudiadas

Hay niñas que quedan fuera de todos los relatos: de la compasión fácil, de las políticas, de las estadísticas y de las respuestas. Este poema mira hacia ese lugar incómodo donde la violencia no termina en la agresión, sino que continúa en el silencio, en la dificultad de denunciar, en el desamparo y en lo que puede esperarles después.

Acuarela: tres niñas de espaldas caminando hacia una multitud difuminada, una con chilaba y hijab magrebí, otra con hijab sencillo y otra con boubou senegalés y turbante

Las ves y no lo crees, siempre y cuando
te indigne cómo visten, cómo callan.

(Es que claro,
si viven sometidas…
y azoradas…
cubriendo sus cabellos…
y esas faldas…)

Y luego, mira tú, ni se rebelan
cuando el que fue su amigo las acorrala…

Acuarela: una niña con pañuelo sentada en un rincón, abrazada a sus rodillas

Si fueron atendidas no denuncian
y si denuncian hay que sonsacarles
porque apenas si hablan…

¿Y qué hacemos con ellas???

Como un puñado de cal
se te atragantan
no entran en políticas bastardas
ni en las estadísticas cerradas.

Acuarela muy pálida: la silueta de una niña de espaldas deshaciéndose entre formularios y sellos translúcidos

Vagando como espíritus desnudos
sin respuestas ni planes
ni esperanza

se aflojan en La Reina
y en El Príncipe acampan

porque allí por lo menos
su oración escuchada
les abre unos umbrales
un baño, unas ventanas
una hogaza de pan
unos ojos que sanan

A veces, lo único que aparece no es una solución, sino un umbral mínimo: un lugar donde no dormir a la intemperie, un baño, una hogaza de pan, unos ojos que no apartan la mirada.

Acuarela: una mujer mayor ofrece una hogaza de pan a una niña con hijab, sentadas en el suelo de un refugio

Al fuego en nuestro amigo

Acuarela: un hombre mayor de espaldas, con el pelo blanco, levanta la mano en un gesto de despedida entre manchas de luz

Para mí eras el sol.

Tenías todos los colores
pero en un solo brillo desplegado.

Porque si te mirábamos
Veíamos un halo alivianado
De pudor y poesía.

No pasaba un momento
En que no precipitaras tu tibieza
en nuestras rigideces
Confesadas u ocultas.

Y en que no te sintiéramos muy cerca
Aunque a miles de millas te encontraras
Puliendo corazones
O letrinas
O establos
No importaba.

Todo era bueno y nuevo
En tus ojos antiguos.

Y en lo oscuro
Solo veías descanso hasta mañana
Pues tú no te dormías
Esparcías tu calma aureolada.

Escrito al hilo de un eclipse: la grandeza del fenómeno sobrecoge y, a la vez, devuelve el recuerdo de quienes ya no están y nos dejaron su luz, su fuego interior y su sabiduría. Un retrato de la ausencia de un amigo cuya presencia permanece como tibieza en los corazones de quienes le conocieron.

Fotografía de un eclipse solar total: el disco negro rodeado de una corona luminosa sobre un cielo nocturno con nubes

Rap de la Puerta

Ilustración: tres jóvenes mirando sus móviles junto a una valla frente al mar, con una puerta abierta al horizonte y la palabra Ceuta

Esa Puerta se exhibe como abierta
Como falsa promesa peregrina
No solo cuando auxilios enarbola
O fácil acogida sin reparos
Esa puerta se muestra apetecible
Para que intuyas que dentro eres más libre
Mucho más solidario o adormilado
Pero en fin que más da
Si puedes escoger como mostrarte
O llenar tus armarios y neveras
Con avituallamientos
infinitos
que no precisas no
precisamente
Pero vienen a cuento
de aquel cuento
del bienestar de estado
y prioridades
que implican ser nacidos
de este lado

Pero tu semivida
Sin embargo
Tu ausencia de futuro
Tu vacío interior
aquí y allí
Te siguen apretando

Inspirado en los llamamientos difundidos por redes sociales que anunciaban una supuesta apertura de la frontera de Ceuta, y en los cientos de jóvenes que acudieron a ella con lo puesto para encontrarse con el paso cerrado. El poema habla de esa puerta que se muestra abierta y no lo está: el bienestar de un lado, el vacío y la espera sin futuro del otro.

Sueños que contaminan

Acuarela: una playa con una mochila, unas zapatillas, un chaleco salvavidas y un osito de peluche, con la ciudad de Ceuta al fondo

¿Invasores siniestros
O víctimas de un lado
Y del otro
y del otro también
Según convenga
al poder que proscribe su insistencia
en cruzar una línea una alambrada
estrujarse de ardor en un desierto
o hacinarse en un bote
acometiendo un mar que no les cree?

Escriben en pantallas y en paredes
Arremeten explican todo entienden
Nos llenan de eufemismos las miradas
y vomitan que todo ha de cerrarse
para que nuestros sueños sean tranquilos

Pero los de ellos,
escritos en imágenes de píxeles,
de ceros y de unos,
esos no cuentan

Nace de las imágenes de la valla y la playa de Ceuta, y de los objetos que quedan abandonados en la orilla tras cada intento de cruce: mochilas, zapatillas, chalecos, algún juguete. El poema mira el doble rasero de la frontera: quienes migran son culpables o víctimas según convenga, y sus sueños nunca cuentan como sueños.

Para el doctor Hussam Abu Safiya

Acuarela: un médico con bata blanca camina de espaldas entre las ruinas de una ciudad

Asombra que en el cráter de la cruda
Recalcitrante devastación no muestres
Ni un ápice de duda.

Impacta también que no suavices
tu rostro de dolor por esos niños
Y asumas tanto duelo como tuyo
Y el tuyo lo desnudes de soberbia

Tu caminata nos clava en la mirada,
Con esa bata blanca que desliza
Tus pasos entre ruinas
Como una súper-capa,
Una incredulidad inesperada.

Un no saber quién eres
Si gigante o lunático
O farsante
Cuando le das la mano al de ese tanque
Que arrasó tu santuario.

Y ahora les preguntas por qué todo
Por qué a ti te revientan, te acribillan
Si nada más tus manos y tu aliento
Te impulsan a aliviar…

¿Por qué se ensañan?
Tu humildad les insulta y les oprime
No soportan tus rezos
Ennegrecen su faz.

Escrito a partir de la historia del doctor Hussam Abu Safiya, director del hospital Kamal Adwan, en el norte de Gaza, que siguió atendiendo a sus pacientes bajo los bombardeos, perdió a su hijo y fue finalmente detenido al ser asaltado el hospital. El poema habla de la dignidad de quien cuida en medio de la devastación: la fe, el duelo asumido y la humildad como forma de resistencia.

Acuarela: un grupo de hombres reza en pie sobre una alfombra, entre edificios destruidos

Las ilustraciones han sido generadas con ayuda de IA bajo mi dirección creativa.

© Laleh Zahir. Todos los derechos reservados. Los poemas e ilustraciones de esta página no pueden reproducirse sin permiso de la autora.