Fronteras
Cuando una frontera se mete dentro del lenguaje, las voces dejan de ser limpias.
Unas gritan territorio.
Otras apenas dicen miedo.
Otras sueñan con una vida prometida.
Otras administran el daño como si fuera gestión.
Y en medio: niñas, chavales, vecinos, ayuda bloqueada, relato contaminado y ruido.

Nuestra ciudad es nuestra
—territorio ocupado—
han abierto la puerta,
¡pasad al otro lado!
—La patria no se vende—
Ya no salgo,
ni vendo, ni compro
(No soy fuerte)

Quemamos vuestras mierdas
(No pueden esconderse)
Solo tengo la calle
(y ellas no se defienden)
¡No seáis brutos, son niñas!
—Si lejos las llevamos, esto no recrudece—

¡No les deis más comida,
ni más mantas,
ni voz!
(Y luego en las noticias,
no blanqueéis más sus heces)
Os lo decimos claro,
¡no paséis a este lado!

¡Queremos vuestras vidas!
Aceptamos sus muertes
(Si total… no están sanos…)

Haced que crezca el ruido,
señal que dominamos















